Yosai

En entradas anteriores nos hemos centrado en el ejército de Yosai. Hoy daremos algunos detalles sobre el resto de la población.

Las Casas

Actualmente, dado que la ciudad está lo suficientemente protegida, han surgido otras actividades y labores más allá de la mera supervivencia.  

Para intentar sostener el sistema, se crearon las Casas. Cada una dedicada a una actividad concreta.

En principio, todo aquel que tiene edad para trabajar es asignado a alguna, exceptuando a aquellos que se unen al Ejército o la Iglesia de Taiyo. Es muy común que los hijos sigan el camino de sus padres, aunque, como no, siempre hay excepciones.

La duración de las jornadas de trabajo se supedita a las necesidades de la población. De momento, nada impide que los ciudadanos usen su tiempo libre para llevar a cabo otras tareas, sean o no, de carácter productivo.

Se puede llegar a cambiar de Casa, solicitando el cambio por incitativa propia, o bien, por decisión e imposición del Consejo.

Casa del Martillo

Son los encargados de obtener y tratar las materias primas minerales (metales, piedra, etc.) y vegetales (madera principalmente). Hay constructores, carpinteros o herreros en sus filas.

Casa del Cultivo

Son los encargados de cultivar la tierra para obtener alimentos, fibras, etc. También son los encargados de la obtención y gestión del agua. Se dedican principalmente a la agricultura y la costura.

Casa del Orden

Se encargan, por ejemplo, de atender las peticiones de los ciudadanos, del control del trabajo, del control de suministros, de la mensajería, de elaborar el censo, etc.

Casa del Cuidado

Los que dedican su tiempo al cuidado de otros: médicos, limpiadores, voluntarios, cocineros, etc.

Casa del Explorador

Hace tiempo, existían grupos independientes que se aventuraban a cazar en la montaña. Dicha actividad se ha regulado, y ahora, todos ellos, se encuentran dentro de esta nueva Casa.

Abandonan Yosai, previa autorización, para traer de vuelta cualquier mercancía útil.

Vida en Yosai

Durante mucho tiempo, en Yosai no se vivía, se sobrevivía. Gracias a la ubicación de la ciudad, los habitantes podían obtener de la zona, no sin riesgo, lo indispensable para subsistir.

Cuando el ejército logró afianzar el suficiente terreno como para construir la primera muralla, pudieron establecerse campos de cultivo dentro, por lo que dejaron de depender exclusivamente de la montaña.

En Yosai, casi todo se consigue solicitándolo a la Casa del Orden. Ellos se encargan de administrar toda la producción, intentando que todos puedan cubrir sus necesidades básicas.

Se considera que todo lo que se produce en Yosai es para toda la comunidad, aunque las transacciones privadas también son aceptadas. Lo más común es recurrir al trueque o al intercambio de mano de obra en las horas libres. Algunos, incluso, siguen usando las antiguas monedas, pese a que su valor y circulación ya no esté abalado por el Consejo.

Es habitual que cada familia tenga su propia casa. Sin embargo, hay mucha gente en una situación distinta. Que está sola o que acaba de llegar a Yosai. En esos casos, suelen residir en los distintos centros de acogida de la ciudad a la espera de que se les pueda realojar.